EL HUEVO FRITO ASESINO
Flotaba en el néctar maicero
cambiando su fisonomía,
vestido de amarillo y blanco
a cada segundo, rugía.
Su centro era casi perfecto,
cual astro redondo lucía,
a punto de endurecerse
¡apaguen el fuego!, pedía.
Descansaba en un plato azulado
la frescura enlozada sentía,
y la fina y corrediza sal
como nieve en invierno, caía.
De a fragmentos se fue deshaciendo
con el filo de la guillotina,
y el tridente pinchaba su cuerpo
que al segundo en la boca, yacía.
Desplazábase por el conducto
al encuentro del hígado iba,
inundado en ira volaba
con su capa de aceite, venía.
La lucha fue corta y precisa
el órgano, se defendía
pero el huevo sagaz y ligero
le aplicó la patada asesina.
¡Victoria, victoria, victoria!
a coros los gritos se oían,
una sola duda quedaba
¿cómo pudo un pedazo de célula
vencer a tamaño gigante
si ni siquiera tenía guantes?
La clave no estaba en los puños,
otro secreto había.
Al triunfo lo obtuvo enseguida
pues botines de fútbol, tenía.
Flotaba en el néctar maicero
cambiando su fisonomía,
vestido de amarillo y blanco
a cada segundo, rugía.
Su centro era casi perfecto,
cual astro redondo lucía,
a punto de endurecerse
¡apaguen el fuego!, pedía.
Descansaba en un plato azulado
la frescura enlozada sentía,
y la fina y corrediza sal
como nieve en invierno, caía.
De a fragmentos se fue deshaciendo
con el filo de la guillotina,
y el tridente pinchaba su cuerpo
que al segundo en la boca, yacía.
Desplazábase por el conducto
al encuentro del hígado iba,
inundado en ira volaba
con su capa de aceite, venía.
La lucha fue corta y precisa
el órgano, se defendía
pero el huevo sagaz y ligero
le aplicó la patada asesina.
¡Victoria, victoria, victoria!
a coros los gritos se oían,
una sola duda quedaba
¿cómo pudo un pedazo de célula
vencer a tamaño gigante
si ni siquiera tenía guantes?
La clave no estaba en los puños,
otro secreto había.
Al triunfo lo obtuvo enseguida
pues botines de fútbol, tenía.
Arnaldo Arias
No hay comentarios:
Publicar un comentario